Pintura Going South (Rumbo al sur) de Tom Roberts 1886 .
Emigrantes
Memoria, silencio y migración
Gran parte de este libro se inspiró en historias anecdóticas narradas por migrantes de distintos países y períodos históricos, incluido el padre del autor, quien llegó a Australia Occidental desde Malasia en 1960. Dos referencias fundamentales fueron Migrants, de Wendy Lowenstein y Morag Loh (Hyland House, 1977), y Tales from a Suitcase (Cuentos de una maleta), de Will Davies y Andrea Dal Bosco (Lothian Books, 2001). Asimismo, el dibujo de los migrantes a bordo de un barco rinde homenaje a la pintura Going South (Rumbo al sur), de Tom Roberts, realizada en 1886 y actualmente conservada en la National Gallery of Victoria.
Otras referencias visuales e inspiraciones incluyen una fotografía de 1912 de un vendedor de periódicos anunciando el hundimiento del Titanic; postales de Nueva York de principios del siglo XX; fotografías de escenas callejeras de la Europa de la posguerra; la película El ladrón de bicicletas (1948), de Vittorio De Sica; y el grabado Sobre Londres en tren, de Gustave Doré, realizado hacia 1870. Asimismo, varios dibujos sobre el procesamiento de inmigrantes, las fotografías de pasaportes y la representación de la "sala de llegadas" se basan en imagenes tomadas en Ellis Island entre 1892 y 1954, muchas de las cuales forman parte de la colección del Ellis Island Immigration Museum.
Pintura Going South (Rumbo al sur) de Tom Roberts 1886 .
Ilustración de Shaun Tan en Emigrantes
Ilustación insírada en la sala de llegada de Ellis Island.
La imagen documental de Ellis Island entre 1892 y 1954.
En esta poética del silencio, la historia es contada íntegramente por la imagen, la cual destaca por todos sus detalles, sus recursos y posibilidades de significación. Cuando nos adentramos en obras como Emigrante de Shaun Tan, el libro renuncia al texto para exigirnos una contemplacion profunda, donde el tiempo no se explica, se padece y se habita. Al fragmentar el tránsito cauteloso de unas nubes o la agonía de una hoja que cambia con las estaciones a través de una sucesión de encuadres minúsculos, la narrativa nos impone su propio ritmo, convirtiendo cada página en un reloj de arena.
Frente al despojo de la palabra escrita que instala la obra, cuando el silencio se vuelve la única casa, cabe preguntarse: ¿Qué pasa cuando el tiempo de ese reloj de arena ya no nos pertenece? ¿Cómo se aprende a vivir en un lugar donde los carteles, los rostros y las esquinas se han vuelto mudos? ¿Acaso se puede comprender el dolor del extranjero sin convertirse, poco a poco, en el propio extranjero?
Al dejarnos sin letras que podamos reconocer, Shaun Tan borra nuestra seguridad y nos coloca practicamente a la altura del protagonista. Los carteles imposibles de descifrar, los animales extraños que duermen en los rincones y los objetos que flotan en el aire no están ahí solo para adornar el paisaje. Están ahí para mostrarnos lo que se siente al perder la brújula, cuando todo lo que nos daba certezas se borra por completo.
Sin embargo, la irrealidad del mundo que el autor construye tiene un propósito muy claro: transformar lo particular en universal. Cuando el paisaje que contemplamos deja de parecerse a lo que conocemos, se abren las puertas a todas las realidades posibles. Así, ese personaje silencioso deja de ser un hombre solitario y pasa a ser todos los emigrantes, de todos los países y de todos los tiempos.
Shaun Tan logra entrelazar las vidas de los personajes con una delicadeza magistral. Con recursos muy simples, la imagen se convierte en un puente que nos permite recorrer el mismo camino del protagonista. Como si una cámara recorriera lentamente cada escena para acercarnos a un personaje.
Es aquí donde el autor realiza un movimiento cinematográfico y profundamente poético: la viñeta empieza a acercarse de forma lenta, como un susurro, hacia la fotografía de carné impresa en el papel. Al ponernos exactamente ante los ojos de quien recuerda, Shaun Tan nos ayuda a no perdernos en un libro que no tiene palabras, guiándonos de la mano en ese suave viaje en el tiempo que es el flashback.
La transición hacia los relatos del pasado no solo cambia con el ritmo de las viñetas, sino que también con la alteración del color, el cual modifica profundamente la atmósfera del libro. Al abandonar la calidez de los tonos sepia que acompañan el viaje del protagonista, el autor nos sumerge en una fría paleta de grises ceniza. Este cambio de color evoca una sensación inmediata de destrucción y opresión, logrando transmitir la gravedad de una tragedia histórica sin necesidad de mostrar una violencia explícita.
Al observar los pequeños recuadros, los bordes de las páginas se van oscureciendo poco a poco, como si el humo del recuerdo fuera tiñendo el papel. Este recurso visual nos indica que hemos entrado en un tiempo lejano, obligándonos a contemplar el recuerdo desde la penumbra de quienes sobrevivieron a la tormenta.
Variaciones visuales para observar repetición, secuencia y atmósfera.